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Bankia le ayuda a gestionar sus inversiones personales y a organizar sus finanzas de forma sencilla. Además podrá aprender los parámetros que utilizan los expertos para la selección de la mejor cartera de inversiones.
Los aspectos básicos de una cartera de inversión son:
Un parámetro que afecta de forma fundamental en la rentabilidad esperada es la fiscalidad de los instrumentos que se incluyen en la cartera, cuyo impacto depende además de las características del inversor.
No existe algo así como "la mejor cartera" con carácter universal y los aspectos personales de la inversión juegan un papel muy relevante. Así, el horizonte temporal de la inversión, el nivel de riesgo que se desea asumir, el deseo de rentas periódicas o el tamaño de la cartera, pero también los conocimientos financieros del ahorrador son importantes.
Pero recuerde que gestionar su patrimonio exige también considerar las inversiones inmobiliarias y sus expectativas de pensiones. Además si su patrimonio alcanza determinado nivel posiblemente sea eficiente que contrate nuestro servicio de banca privada.
La rentabilidad esperada de una inversión indica la tasa anual a la que se espera que crezca el valor del capital inicial invertido a lo largo de su vida. Si la inversión tiene pagos periódicos, la rentabilidad esperada incluye además el valor de estos pagos como porcentaje de la inversión inicial.
Pero la rentabilidad esperada es sólo una cifra probable, nunca una cifra segura. De hecho, es imposible conocer a priori la rentabilidad que ofrecerá finalmente una inversión, excepto en el caso de inversiones en renta fija que se mantienen hasta su vencimiento, y suponiendo que no hay riesgo de impago.
Para comparar diferentes instrumentos financieros entre sí, es necesario tener en cuenta su rentabilidad esperada pero también su grado de riesgo.
El riesgo de un activo financiero indica cómo cabe esperar que se desvíe la rentabilidad real de esta inversión respecto de la media esperada, o de forma más sencilla, cuanto puedo dejar de ganar o incluso cuanto puedo perder de la inversión que he realizado.
Por tanto, el riesgo indica la probabilidad de que
En este sentido, una medida del riesgo tiene que ver con la volatilidad del precio del activo en el que se ha invertido.
Si el riesgo del activo es bajo la tasa de rentabilidad oscilará poco mientras que si el riesgo es muy elevado la rentabilidad esperada oscilará violentamente, pudiendo hacerse negativa, es decir se podría perder parte del capital que se ha invertido.
Normalmente los activos a corto plazo, de renta fija y emitidos por entidades muy solventes son los que presentan menor riesgo, mientras que las acciones y los activos a largo de renta fija emitidos por entidades menos solventes son más arriesgados
Los parámetros que afectan al riesgo
El riesgo de una cartera no sólo depende de los instrumentos financieros que se incluyan en la misma, sino también del plazo al que se piense mantenerlos y de cómo se combinen.
Tipos de riesgo
Los riesgos de un activo financiero son normalmente de dos tipos:
Grado de aversión al riesgo
La lección fundamental de la gestión de carteras es que el riesgo y la rentabilidad son dos conceptos necesariamente vinculados. Y además relacionados de forma inversa.
Desafortunadamente a mayor rentabilidad mayor riesgo y cuanto más segura es una inversión menos rentabilidad esperada tiene.
Por eso es tan importante lograr una combinación adecuada del binomio rentabilidad-riesgo. Conseguir este equilibrio es lo que se denomina asignación óptima de activos.
La aversión al riesgo de un inversor indica hasta que punto está dispuesto a arriesgar capital a cambio de que su rentabilidad esperada sea mayor y cómo acepta oscilaciones en el valor de su inversión a lo largo de la vida de ésta.
Cada inversor está dispuesto a asumir un nivel de riesgo diferente. Puede conocer el suyo y la cartera que mejor se adapta al mismo respondiendo a nuestro test de perfil de inversor.
Tenga en cuenta que este grado de aversión al riesgo puede cambiar con la edad y la experiencia inversora y le recomendamos revise de vez en cuando los resultados de su cartera.
La liquidez de un activo financiero indica la facilidad con que el inversor puede desprenderse de él. Un activo es líquido cuando puede ser comprado o vendido sin afectar significativamente a su precio.
La liquidez es un parámetro relevante de la composición de la cartera, particularmente si la inversión se realiza con un horizonte temporal de la inversión de corto plazo.
El nivel de liquidez de un activo financiero depende de la profundidad y del tamaño de mercado, que indican respectivamente el número de órdenes de compra y venta del activo para diferentes precios y el número de inversores profesionales que negocian el activo.
Una medida habitual de la liquidez es la contratación diaria del activo en relación al volumen emitido en el caso de renta fija o el capital social en el caso de las acciones.
En los activos a muy corto plazo, por motivos obvios, la liquidez que pueda ofrecer un mercado no es tan importante como lo es en el caso de los activos a largo plazo.
Sin embargo, lo importante es la liquidez global de la cartera, que depende de la composición porcentual de los activos que se integran en ella, ya que cada activo tendrá su propio nivel de liquidez. En este sentido, es habitual que en todas las carteras óptimas se incluyan activos como los depósitos bancarios y los FIAMs, en cierta proporción, y que son los activos encargados de asegurar un nivel mínimo de recuperación de dinero a muy corto plazo sin pérdida de valor.
La fiscalidad es un factor que afecta de manera muy relevante a la rentabilidad esperada de una inversión. En este sentido, conviene distinguir entre rentabilidad esperada bruta o antes de impuestos y la rentabilidad esperada después de impuestos.
Las dos cuestiones esenciales a considerar son que:
La diversificación responde a un principio básico: concentrar toda la inversión en un tipo de activo o en un activo financiero exclusivamente es muy arriesgado.
Diversificar es incluir diferentes tipos de instrumentos financieros en una cartera para conseguir que la evolución desfavorable de uno de ellos se vea compensada por la buena evolución de otros.
Para distribuir el riesgo de la inversión es necesario combinar la naturaleza de activos que componen nuestra cartera pero?
¿Cuánto tengo que diversificar?
Depende del tamaño de la cartera que uno quiera invertir. Si la cartera financiera es elevada con 6 ó 7 activos se puede lograr una buena combinación de rentabilidad-riesgo.
Si la cartera es pequeña conviene recordar que diversificar puede tener costes de transacción (derivados de la operativa de compra y venta) relativamente importantes, si se invierte directamente en instrumentos financieros sencillos como bonos o acciones cuando el importe de una cartera es reducido. En estos casos es mejor invertir en activos que ya se encuentran diversificados por su propia naturaleza, como son los fondos de inversión
Incluso cuando se decide invertir con un horizonte temporal a largo plazo es importante analizar cuando interesa comprar, vender o sustituir un activo de la cartera.
El momento de entrada y salida en el mercado, es lo que los analistas denominan "el timing" y resulta ser tan importante como la propia selección de los activos de cartera desde la perspectiva de la rentabilidad real. Si la inversión se realiza a corto plazo, el timing es fundamental.
Para adoptar este tipo de decisiones de forma acertada es conveniente tener conocimientos financieros, y recurrir al análisis macroeconómico para saber los factores que influyen en los mercados. Muchos expertos recurren también al análisis técnico.
En el caso de compra directa de activos puede consultar con las recomendaciones de nuestros expertos incluidas en esta sección o recurrir a nuestro servicio de banca privada si prefiere que nuestros expertos gestionen su cartera.
En el caso de los fondos de inversión una vez se ha identificado el tipo de fondo que mejor encaja en la cartera, no es necesario realizar una gestión muy activa, ya que de ello se ocupan los expertos de la gestora de instituciones de inversión colectiva. Unicamente cuando cambie el perfil rentabilidad-riesgo de la cartera será necesario una modificación en este tipo de instrumentos.
Una de las preferencias financieras que conviene considerar en el diseño de una cartera óptima es la necesidad o no de obtención de rentas periódicas, es decir pagos anuales generados por su inversión. Cuanto mayores sean las rentas periódicas que un inversor aspira a conseguir, menor será el valor final esperado para su inversión.
La inclusión explícita de rentas periódicas en una cartera (más allá de los dividendos variables que ofrecen las acciones) normalmente tiene que ver con el deseo que complementar rentas destinadas al consumo corriente.
Las rentas periódicas pueden obtenerse fundamentalmente a través de tres vías:
En los dos primeros casos, las rentas periódicas suelen ser conocidas de antemano, especialmente en el caso de bonos. En el caso de acciones, el dividendo final puede diferir del dividendo esperado. Por otra parte, obtener rentas periódicas a través de ventas de cartera nunca está garantizado.
El requisito de la existencia de renta periódicas en una cartera presenta diferentes efectos sobre:
La Comisión Nacional del Mercado de Valores nos ofrece el siguiente decálogo del inversor:
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ofrece los siguientes consejos para el inversor en renta fija:
El inversor es el último responsable de la gestión de su ahorro,por lo que tiene la necesidad de informarse sobre los valores de renta fija que adquiera.Puede y debe asesorarse,pero recuerde que la decisión final es suya,y que Ud.debe estar convencido de que lo que ha elegido es la alternativa que mejor se ajusta a sus deseos o propósitos.
A continuación le exponemos unas recomendaciones a seguir cuando tenga que elegir el destino de su ahorro:
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